Las flores del mal
Las flores del mal Un viaje a Citerea[50]
Mi corazón, como un pájaro, revoloteaba tan contento
y planeaba libremente alrededor de las jarcias;
el navío bogaba bajo un cielo sin nubes
como un ángel embriagado por el radiante sol.
¿Cuál es esa isla triste y negra? —Es Citerea,
nos dicen, un país muy conocido por los madrigales,
Eldorado banal de todo solterón.
Miradla, a fin de cuentas, es una pobre tierra.
—¡Isla de los dulces secretos y las fiestas galantes!
El fantasma soberbio de la Venus antigua
se cierne sobre tus mares como un aroma,
y llena los espíritus de amor y languidez.
¡Hermosa isla de mirtos verdes, siempre con flores abiertas,
venerada sin fin por todas las naciones,
donde los suspiros de los corazones extasiados
flotan como el incienso sobre un jardín de rosas
o el arrullo perenne de la paloma torcaz!
