Las flores del mal
Las flores del mal La negación de San Pedro
¿Y qué hace Dios con esta oleada de anatemas
que asciende cada dÃa hacia sus queridos Serafines?
Como un tirano ahÃto de carnes y de vinos,
se adormece al dulce son de nuestras blasfemias atroces.
¡Los lamentos de los mártires y de los torturados
son una sinfonÃa sin duda embriagadora
porque, a pesar de la sangre que cuesta su voluptuosidad,
los cielos aún no están totalmente saciados!
—¡Ah, Jesús, acuérdate del Huerto de los Olivos!
En tu simplicidad rezabas de rodillas
al que en su cielo reÃa del ruido de los clavos
que verdugos abyectos clavaban en tus carnes vivas,
cuando viste escupir sobre tu divinidad
a la crápula del cuerpo de guardia y de las cocinas,
y cuando sentiste hundirse las espinas
en tu cráneo, donde vivÃa la inmensa Humanidad;