Las flores del mal
Las flores del mal El sueño de un curioso
A F. N.[56]
Conoces como yo el sabroso dolor,
y haces decir de ti: «¡Oh, ese hombre insólito!».
—Yo estaba a punto de morir. Sentía en mi alma amorosa,
con deseo y espanto mezclados, un raro sufrimiento;
angustia y esperanza intensa, sin ánimo rebelde.
Conforme se vaciaba el fatal reloj de arena,
mi tortura era más áspera y deliciosa;
mi corazón entero se desprendía del mundo familiar.
Era yo como el niño impaciente antes del espectáculo,
que odia el telón como se odia un estorbo…
Por fin la verdad fría se reveló:
yo había muerto sin sobresalto, y la terrible aurora
me envolvía. —¡Pero bueno!, ¿entonces, solo es esto?
Se había alzado el telón y yo esperaba todavía.