Las flores del mal
Las flores del mal pero mientras tus sueños, querida,
no sean reflejo del Infierno,
ni en una pesadilla interminable,
soñando con venenos y espadas,
apasionada de la pólvora y el acero,
recelosa de abrir tu puerta a nadie,
descifrando la desgracia en todas partes,
conmoviéndote cuando suena la hora,
hayas sentido el abrazo
del Asco irresistible,
no podrás, esclava reina
que me amas solo con espanto,
en el horror de la noche insana
decirme con el alma en un grito:
«¡Soy igual a ti, oh Rey mío!»