Las flores del mal
Las flores del mal El surtidor
¡Tus bellos ojos están cansados, mi pobre amante!
Sin abrirlos, quédate un buen rato
con esa postura indolente
en que el placer te ha sorprendido.
En el patio el surtidor que murmura
y no calla de noche ni de dÃa
prolonga dulcemente el éxtasis
donde el amor me hundió al anochecer.
El chorro dilatado
en flores mil,
al que da sus colores
Febea[77] feliz,
cae como una lluvia
de lágrimas sin fin.
Asà tu alma incendiada
por la chispa ardiente de los placeres
se lanza, rápida y decidida,
hacia los vastos cielos encantados.
Luego se derrama, moribunda,
en una ola de triste languidez
que por una pendiente invisible
baja hasta el fondo de mi corazón.
El chorro dilatado
en flores mil,
al que da sus colores
