Las flores del mal
Las flores del mal y, como tú, son siempre gráciles y floridos.
¿Por qué, feliz criatura, quieres ver nuestra Francia,
este país superpoblado que el sufrimiento arrasa,
y, encomendando tu vida a los fuertes brazos marineros,
despedirte para siempre de tus queridos tamarindos?
Tú, solo a medias vestida de muselinas tenues,
tiritando allá lejos bajo la nieve y el granizo,
¡cómo echarías de menos tu ocio dulce y sin trabas,
si, sintiendo el talle preso del brutal corsé,
necesitaras mendigar tu pan entre nuestro fango
y vender el perfume de tus encantos exóticos,
con ojos pensativos, persiguiendo, en nuestras nieblas sucias,
los fantasmas dispersos de los cocoteros ausentes!