Las flores del mal
Las flores del mal ¡y habÃa leÃdo a Niboyet[91]!
—que era partidario del amor carnal,
y que en Roma, lugar de aburrimiento,
una mujer, por cierto, tÃsica,
se morÃa de amor por él.
Durante tres horas y media,
este charlatán, que venÃa de Tournai,
me vomitó toda su vida;
de oÃrlo tengo la cabeza mareada.
Si hubiera que describir mi sufrimiento,
serÃa para nunca acabar;
yo me decÃa, conteniendo mi odio:
«¡Si por lo menos pudiera dormir!».
Como quien no está a gusto,
y no se atreve a irse,
restregaba con mi culo la silla,
soñando con hacerlo empalar.
Este monstruo se llamaba Bastogne;
venÃa huyendo de la epidemia.
Yo huirÃa hasta Gascuña
o irÃa a arrojarme al mar,
si en ese ParÃs que él teme,
cuando hayamos vuelto todos,
encuentro de nuevo en mi camino
a esta plaga, nativa de Tournai.
Bruselas, 1865