Las flores del mal
Las flores del mal A Eugène Fromentin[88]
A propósito de un impertinente que decÃa ser su amigo
Me dijo que era muy rico,
pero que el cólera le daba miedo;
—que para su oro era muy agarrado,
pero que le gustaba mucho la Ópera;
—que le chiflaba la naturaleza,
tras haber conocido a Corot;
—que aún no tenÃa coche,
pero que eso pronto se arreglarÃa;
—que le gustaba el mármol y el ladrillo,
las maderas negras y las maderas doradas;
—que en su fábrica disponÃa
de dos capataces condecorados;
—que tenÃa, sin contar todo lo demás,
veinte mil acciones en la Nord[89];
—que habÃa encontrado, por casi nada,
molduras de Oppenord[90];
—que en el Rastro (¡aunque fuera en Luzarches!)
gastarÃa hasta el último céntimo,
y que en el Mercado de los Patriarcas
habÃa hecho más de un buen negocio;
—que no querÃa mucho a su mujer,
ni a su madre; —pero que creÃa
en la inmortalidad del alma,