Las flores del mal
Las flores del mal bajo cuyo techo había resplandecido tanta fastuosidad.
El silencio y la noche se instalaron en él
como en una bodega cuya llave perdimos.
Desde entonces fue como los animales callejeros,
y cuando se alejó sin fijarse en nada, a campo traviesa,
indiferente a inviernos y veranos,
sucio, inútil y feo como un trasto viejo,
era el hazmerreír y el gozo de los niños.
