Las flores del mal
Las flores del mal El ideal
No serán nunca esas bellezas de estampita,
productos defectuosos, hijos de un siglo golfo,
de pies con borceguíes y dedos con castañuelas,
las que podrán saciar un pecho como el mío.
Dejo a Gavarni[5], poeta de las clorosis,
su rebaño gorjeante de beldades de hospital,
pues no puedo encontrar entre esas rosas pálidas
una flor que se parezca a mi rojo ideal.
Lo que necesita este corazón hondo como un abismo
sois vos, Lady Macbeth, alma fuerte en el crimen,
sueño que tuvo Esquilo bajo el rigor del austro;
¡o tú, inmensa Noche, hija de Miguel Ángel,
que retuerces tranquila en una pose insólita
tus atributos curtidos por las bocas de los Titanes[6]!

