Las flores del mal
Las flores del mal La máscara
Estatua alegórica al gusto del Renacimiento
A Ernest Christophe, escultor[7]
Contemplemos ese tesoro de gracias florentinas;
en la sinuosidad de ese cuerpo musculoso
abundan la Elegancia y la Fuerza, olÃmpicas hermanas.
Esa mujer, pieza realmente milagrosa,
divinamente robusta, adorablemente esbelta,
está hecha para presidir lechos suntuosos
y amenizar los ocios de un papa o de un prÃncipe.
—Mira, si no, la leve sonrisa voluptuosa
donde la Fatuidad saca a paseo su éxtasis;
esa larga mirada ambigua, lánguida y burlona,
el rostro remilgado, enmarcado de gasa,
donde todo detalle nos dice con aire victorioso:
«¡El Placer me reclama y el Amor me corona!».
¡Mira cómo a este ser tan majestuoso
le da un encanto excitante la gracilidad!
Aproximémonos, y giremos en torno a su belleza.
¡Oh blasfemia del arte!, ¡oh sorpresa fatal!
