Las flores del mal
Las flores del mal ¡La mujer de cuerpo divino, prometedor de dicha,
en su cúspide acaba como un monstruo bicéfalo!
—¡Pues no! Sólo es una máscara, un decorado adulador,
ese rostro iluminado por un exquisito mohÃn,
y, mira, ahà tienes, atrozmente crispada,
la cabeza real, y la auténtica cara
turbada y escondida tras la cara que miente.
¡Oh gran belleza lastimosa!, el magnÃfico rÃo
de tu llanto desemboca en mi inquieto corazón;
¡tu mentira me embriaga y mi alma se abreva
del raudal que el Dolor extrae de tus ojos!
—Llora, pero ¿por qué? Ella, beldad perfecta
que a sus plantas pondrÃa a la humanidad derrotada,
¿qué misterioso mal roe su torso atlético?
—¡Ella llora, insensato, porque ha vivido!,
¡y porque vive! Pero lo que deplora, sobre todo,
lo que la hace estremecerse hasta las rodillas,