Las flores del mal
Las flores del mal La cabellera
¡Oh vellón, ensortijado sobre la cerviz!
¡Oh bucles! ¡Oh perfume cargado de molicie!
¡Éxtasis! ¡Para poblar esta noche la alcoba oscura
con recuerdos que duermen en esta cabellera,
quiero agitarla al aire como un pañuelo!
El Asia lánguida y la ardiente África,
todo un mundo lejano, ausente, casi muerto,
en tus profundidades vive, ¡oh bosque aromático!
Igual que otros espíritus en la música bogan,
el mío navega, ¡oh mi amor!, en tu perfume.
Iré allá donde el árbol y el hombre, en plena savia,
se embelesan sin límite bajo la ardiente atmósfera;
¡oh fuertes trenzas, sed la marea que me arrastre!
Tú albergas, mar de ébano, un sueño deslumbrante
de velas, de remeros, de gallardetes y de mástiles:
un puerto bullicioso donde mi alma puede beber