Las flores del mal
Las flores del mal ¡Qué hermosos son los astros en las tibias veladas!
La noche se adensaba igual que una barrera,
y en lo oscuro mis ojos adivinaban tus pupilas,
y yo bebía tu aliento, ¡oh dulzura!, ¡oh veneno!,
y tus pies se adormecían en mis manos fraternas.
La noche se adensaba igual que una barrera.
Conozco el arte de evocar los momentos felices,
y revivo mi pasado acurrucado en tus rodillas.
Pues ¿para qué buscar tus lánguidas bellezas
si no es en tu querido cuerpo y en tu suave corazón?
¡Conozco el arte de evocar los momentos felices!
Estos juramentos, estos aromas, estos besos infinitos,
¿renacerán de un abismo insondable para nosotros,
como ascienden al cielo los astros rejuvenecidos
tras haberse lavado en el fondo de los mares profundos?