Las flores del mal
Las flores del mal de un viejo y rancio amor, encantador y sepulcral.
Así, cuando yo me haya perdido en la memoria
de los hombres, y en el rincón de un siniestro armario
me hayan metido, viejo frasco desconsolado,
decrépito, polvoriento, sucio, abyecto, rajado y viscoso,
¡yo seré tu ataúd, amable fetidez!,
¡el testigo de tu fuerza y de tu virulencia,
querido veneno preparado por los ángeles!, ¡licor
que me corroe, oh vida y muerte de mi corazón!
