Las flores del mal
Las flores del mal El hermoso navÃo
Te voy a contar, ¡oh mórbida hechicera!,
las muchas excelencias que engalanan tu juventud;
quiero pintar para ti tu hermosura,
donde la infancia se confabula con la madurez.
Cuando pasas barriendo el aire con tu falda amplia,
haces el efecto de un hermoso navÃo que se adentra en el mar
a toda vela y se balancea
marcando un ritmo dulce y perezoso y lento.
Sobre tu cuello ancho y redondo, sobre tus hombros carnosos,
se pavonea tu cabeza con un gracejo extraño;
con ademanes plácidos y triunfales
sigues tu camino, criatura majestuosa.
Te voy a contar, ¡oh mórbida hechicera!,
las muchas excelencias que engalanan tu juventud;
quiero pintar para ti tu hermosura,
donde la infancia se confabula con la madurez.
Tu pecho que avanza y empuja el moaré,
tu pecho triunfal es un precioso armario
cuyos paneles combados y claros
como escudos atraen los relámpagos;
