Las flores del mal
Las flores del mal ¡escudos provocadores, armados de puntas rosadas!,
¡armario de suaves secretos, lleno de todo lo bueno,
de vinos, de perfumes, de licores
que harían delirar a los cerebros y a los corazones!
Cuando pasas barriendo el aire con tu falda amplia,
haces el efecto de un navío que se adentra en el mar
a toda vela y se balancea
marcando un ritmo dulce y perezoso y lento.
Tus nobles piernas, bajo los volantes que apartan a su paso,
atormentan los deseos oscuros y los excitan
como dos brujas que remueven
un bebedizo negro en un cuenco profundo.
Tus brazos, que se burlarían de los precoces hércules,
son poderosos émulos de las boas brillantes,
hechos para apretar obstinadamente
a tu amante, como para imprimirlo en tu corazón.
Sobre tu cuello ancho y redondo, sobre tus hombros carnosos,
se pavonea tu cabeza con un gracejo extraño;