Paraisos artificiales
Paraisos artificiales Él y sus tres hermanas eran muy jóvenes cuando murió su padre, quien dejó a su madre una gran fortuna, una verdadera fortuna de negociante inglés. El lujo, el bienestar, la vida desahogada y magnífica son muy favorables condiciones para el desarrollo de la sensibilidad natural del niño. «Como no tenía más camaradas que tres inocentes hermanitas, en compañía de las cuales dormía y como estaba siempre encerrado en un jardín bello y silencioso, lejos de todos los espectáculos de la pobreza, la opresión y la injusticia yo no podía —dice— sospechar la verdadera complexión de este mundo». Más de una vez agradeció a la Providencia el privilegio incomparable, no sólo de haber sido educado en la soledad del campo, «sino también de que sus primeros sentimientos fueran moldeados por las más amables de las hermanas, y no por horribles hermanos siempre dispuestos a los puñetazos, horrid pugilistic brothers». En efecto, los hombres que han sido educados por mujeres y entre las mujeres, no se parecen por completo a los demás hombres, ni siquiera aunque se suponga la igualdad en el temperamento o en las facultades espirituales. El cuneo de las nodrizas, las caricias maternales, las zalamerías de las hermanas, sobre todo de las hermanas mayores, que son madres instintivas, transforman, por decirlo así, moldeándola, la pasta masculina. El hombre que desde el comienzo se ha bañado durante largo tiempo en la atmósfera blanda de la mujer, que ha olido el olor de sus manos, de su seno, de sus rodillas, de su cabellera, de sus ropas flexibles y flotantes,