Paraisos artificiales
Paraisos artificiales Vamos pues a analizar, rápidamente, las principales impresiones infantiles del opiómano, con el fin de hacer más inteligibles las fantasÃas que en Oxford eran el ordinario alimento de su cerebro. El lector no debe olvidar que es un anciano quien relata su infancia, un anciano que al volver a esa infancia razona, no obstante, con sutileza y que, en fin, esa infancia, principio de las fantasÃas posteriores, es vista y considerada nuevamente a través de la atmósfera mágica de esas fantasÃas, es decir, de las densidades transparentes del opio.
VII. Pesares infantiles
