Paraisos artificiales
Paraisos artificiales VIII. Visiones de Oxford
1. El palimpsesto
«¿Qué es el cerebro humano sino un palimpsesto inmenso y natural? Mi cerebro es un palimpsesto y el tuyo también, lector. Innumerables capas de ideas, de imágenes, de sentimientos, han caído sucesivamente en tu cerebro tan suavemente como la luz. Parecía que cada una de ellas enterraba a la precedente. Pero ninguna ha perecido en realidad». No obstante, entre el palimpsesto que contiene, superpuestas una sobre otra, una tragedia griega, una leyenda monacal y una novela de caballería, y el palimpsesto divino creado por Dios que es nuestra memoria inconmensurable se presenta esta diferencia: que en el primero hay como un caos fantástico, grotesco, una colisión entre dos elementos heterogéneos; en tanto que en el segundo la fatalidad del temperamento pone forzosamente una armonía entre los elementos más dispares. Por incoherente que sea una existencia, la unidad humana no se perturba en ella. Si se los pudiera despertar simultáneamente, todos los ecos de la memoria formarían un concierto, agradable o doloroso, pero lógico y sin disonancias.
