Paraisos artificiales
Paraisos artificiales «Las he visto con frecuencia conversar con Levana, y a veces, inclusive, se referían a mí. ¿Hablan, por consiguiente? ¡Oh, no! Esos poderosos fantasmas desdeñan las insuficiencias del lenguaje. Pueden proferir palabras por la boca del hombre cuando habitan en un corazón humano, pero entre ellos no utilizan la voz; no emiten sonido alguno; en sus dominios reina un silencio eterno… La mayor de las tres hermanas se llama Mater Lachrymarum, o Nuestra Señora de las Lágrimas. Es ella la que, noche y día, divaga y gime invocando rostros desvanecidos. Es ella la que se hallaba en Rama cuando se oyó lamentarse a una voz, la de Raquel, que lloraba a sus hijos y no quería que la consolaran. También se hallaba en Belén aquella noche en que la espada de Herodes barrió de sus asilos a todos los inocentes. Sus ojos son alternativamente bondadosos y penetrantes, asustados y adormecidos, con frecuencia se elevan hacia las nubes y con frecuencia acusan a los cielos. Lleva en la cabeza una diadema. Y sé por mis recuerdos de la infancia que puede viajar en alas de los vientos cuando oye el sollozo de las letanías o el tronido del órgano o cuando contempla los derrumbamientos de las nubes de estío. Esa hermana mayor lleva en el cinto llaves más poderosas que las llaves papales, con las cuales abre todos los chamizos y todos los palacios. Es ella, lo sé bien, quien durante el último verano permaneció a la cabecera del mendigo ciego, aquél con el que conversaba tan a gusto, y cuya piadosa hija, de ocho años y de una fisonomía luminosa, resistía a la tentación de intervenir en la alegría del pueblo, para vagar, durante todo el día, por los caminos polvorientos con su padre afligido. Dios le otorgó por ello una gran recompensa. En la primavera de ese año, cuando comenzaba a florecer ella misma, la llamó a su gloria. Su padre ciego continúa llorándola, y en la medianoche sueña siempre que la sigue llevando de la mano, de la pequeña mano que le guiaba, y se despierta siempre entre tinieblas, que son ahora tinieblas nuevas y más profundas… Con ayuda de esas llaves Nuestra Señora de las Lágrimas se desliza, fantasma tenebroso, en las habitaciones de los hombres que no duermen, de las mujeres que no duermen, de los niños que no duermen, desde el Ganges hasta el Nilo, desde el Nilo hasta el Misisipí. Y como es la primogénita y posee el imperio más vasto, la honramos con el título de Madona».