Paraisos artificiales
Paraisos artificiales La mayoría de las veces los novatos se quejan, en su primera iniciación, de la lentitud de los efectos. Los esperan con ansiedad, como no se presentan con toda la rapidez que desearían, hacen fanfarronadas de incredulidad que regocijan mucho a los que conocen las cosas y la manera como el hachís actúa. Es uno de los espectáculos menos cómicos ver cómo aparecen y se multiplican los primeros ataques en medio de esa misma incredulidad. Ante todo se apodera de vosotros cierta hilaridad irresistible y ridícula. Las palabras más vulgares, las ideas más simples, adquieren un aspecto extravagante y nuevo. Esa alegría se os hace insoportable a vosotros mismos, pero es inútil que respinguéis contra ella. Os ha invadido el demonio, y todos los esfuerzos que hagáis para resistirlo servirán solamente para acelerar el progreso del mal. Os reís de vuestra necedad y de vuestra locura, vuestros amigos se os ríen en la cara pero no les guardáis rencor, pues la benevolencia comienza a manifestarse.