Paraisos artificiales
Paraisos artificiales Comienzan las alucinaciones. Los objetos exteriores adquieren apariencias monstruosas. Se os presentan en formas desconocidas hasta entonces. Luego se deforman, se transforman y, finalmente, penetran en vuestro ser o bien vosotros penetráis en ellos. Tienen lugar los equÃvocos más extraños, las trasposiciones de ideas más inexplicables. Los sonidos tienen color y los colores música. Las notas musicales son números y resolvéis con una rapidez espantosa, prodigiosos cálculos aritméticos a medida que la música penetra en vuestros oÃdos. Estáis sentados y fumáis, pero creéis que estáis sentados en vuestra pipa y que es vuestra pipa la que os fuma; sois vosotros quienes os exhaláis en la forma de nubes azuladas.
Os sentÃs bien asÃ, y solamente os preocupa y os inquieta una cosa: ¿Cómo os arreglaréis para salir de vuestra pipa? Esa imaginación dura una eternidad. Un intervalo de lucidez os permite consultar el reloj mediante un gran esfuerzo. La eternidad ha durado un minuto. Otra corriente de ideas os arrastra y os arrastrará durante otro minuto en su torbellino viviente y ese minuto será también una eternidad. Las proporciones del tiempo y la existencia son desbaratadas por la multitud innumerable y por la intensidad de las ideas y sensaciones. Se viven muchas vidas de hombre en el término de una hora. Ése es el tema de La piel de zapa. Ya no existe ecuación entre los órganos y los goces.