Paraisos artificiales
Paraisos artificiales De vez en cuando la personalidad desaparece. Esa objetividad característica de ciertos poetas panteístas y los grandes actores llega a ser tal que os confundís con los seres exteriores. Heos aquí convertidos en árboles que le braman al viento y cantan las melodías vegetales a la naturaleza. Ahora os cernís en el azul del cielo inmensamente agrandado. Todo dolor ha desaparecido. Ya no lucháis, os llevan, ya no sois dueños de vosotros mismos y no os afligís por ello. La idea del tiempo desaparecerá por completo en seguida. Un pequeño despertar se produce todavía de cuando en cuando. Os parece que salís de un mundo maravilloso y fantástico. Es cierto que conserváis la facultad de observaros y mañana guardaréis el recuerdo de algunas de vuestras sensaciones. Pero no podréis aplicar esa facultad psicológica. Os desafío a que afiléis una pluma o un lápiz; sería una tarea superior a vuestras fuerzas.