Paraisos artificiales
Paraisos artificiales Pongo fin a este artículo con unas bellas palabras que no me pertenecen, pues son de un notable filósofo poco conocido, Barbereau, teórico musical y profesor del Conservatorio. Me hallaba junto a él en una sociedad donde algunas personas habían tomado el dichoso veneno y me dijo en tono de desprecio infinito: «No comprendo por qué el hombre racional y espiritual utiliza medios artificiales para alcanzar la beatitud poética, pues el entusiasmo y la voluntad bastan para elevarlo a una existencia sobrenatural. Los grandes poetas, los filósofos, los profetas, son seres que mediante el puro y libre ejercicio de la voluntad llegan a un estado en el que son al mismo tiempo, la causa y el efecto, el sujeto y el objeto, el hipnotizador y sonámbulo».
Yo pienso exactamente lo mismo.