Paraisos artificiales

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No obstante, el cáñamo francés no es adecuado para transformarlo en hachís o al menos, de acuerdo con repetidos experimentos, es inadecuado para obtener una droga que iguale en eficacia al hachís. El hachís o cáñamo indio, cannabis indica, es una planta de la familia de las urticáceas, semejante en todo, excepto que no alcanza la misma altura del cáñamo de nuestros climas. Posee propiedades embriagadoras muy extraordinarias que, desde hace algunos años, están llamando la atención en Francia, de los sabios y del mundo elegante. Se lo aprecia más o menos de acuerdo con sus diversas procedencias; el de Bengala es el más apreciado por los aficionados; no obstante, los de Egipto, Constantinopla, Argelia y Persia gozan de las mismas propiedades, aunque en grado menor.

El hachís (o la hierba, es decir la hierba por excelencia, como si los árabes hubiesen querido definir en la palabra hierba la fuente de todas las voluptuosidades inmateriales) tiene diferentes nombres, según su composición y el modo de prepararlo en los países donde lo han cosechado: en la India, bangie; en África, teriaki; en Argelia y en Arabia Feliz, madjound, etcétera. No es indiferente cosecharlo en todas las épocas del año; cuando está en flor es cuando posee su mayor energía; los extremos floridos son, en consecuencia, las únicas partes que se emplean en las distintas preparaciones, acerca de las cuales vamos a decir algo.


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