Paraisos artificiales

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Ella ha hablado de la cena como de un placer que llegaba muy oportunamente, en el instante en que una mejoría momentánea, pero que parecía definitiva, le permitía volver a la vida real. En efecto, se dan como ya he dicho, intermitencias y calmas engañosas y con frecuencia el hachís origina un hambre voraz y casi siempre una sed excesiva. Sólo que la comida o la cena, en lugar de traer consigo un descanso definitivo, crea un nuevo acrecentamiento, la crisis vertiginosa de que se quejaba esa dama, seguida por una serie de visiones encantadoras, ligeramente matizadas de espanto, a las que se resignó positivamente y de muy buena gana. El hambre y la sed tiránicas de que venimos hablando no pueden ser satisfechas sin cierto trabajo. Pues el hombre se siente tan por encima de las cosas materiales o más bien, su embriaguez le abruma de tal modo, que tiene que realizar un largo esfuerzo para mover un tenedor o una botella.








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