Paraisos artificiales
Paraisos artificiales La crisis definitiva determinada por la digestión de los alimentos es muy violenta, en efecto: no es posible luchar; y semejante estado sería insoportable si durara demasiado tiempo y no cediera el lugar a otra fase de la embriaguez, que en el caso citado se tradujo en visiones espléndidas, moderadamente aterradoras y al mismo tiempo llenas de consuelos. Ese nuevo estado es el que los orientales llaman kief. Ya no es algo remolinante y tumultuoso, sino una beatitud calma e inmóvil, una gloriosa resignación. Desde el principio no sois dueños de vosotros mismos, pero no os afligís. El dolor y la idea del tiempo han desaparecido, y si a veces se atreven a producirse, lo hacen transfigurados por la sensación dominante; y son entonces, con respecto a su forma habitual, lo que la tristeza poética es respecto al dolor positivo.