Paraisos artificiales
Paraisos artificiales Puesto que hemos visto manifestarse en la embriaguez del hachís una singular benevolencia que se aplica inclusive a los desconocidos, una especie de filantropía compuesta de compasión más que de amor (y aquí se pone de manifiesto el primer germen del espíritu demoníaco que se desarrollará de modo extraordinario) pero que llega al temor de afligir a quienquiera que sea, se adivina lo que puede llegar a ser el sentimentalismo localizado aplicado a una persona amada, que desempeña o ha desempeñado un papel importante en la vida moral del embriagado. El culto, la adoración, la plegaria y los sueños de felicidad se proyectan y lanzan con la energía ambiciosa y el brillo de los fuegos artificiales; como la pólvora y las materias colorantes del fuego, deslumbran y se desvanecen en las tinieblas. No hay combinación sentimental alguna a la que no se pueda prestar el flexible amor de un esclavo de la droga llamada hachís. El deseo de protección, un sentimiento de paternidad ardiente y abnegada, pueden mezclarse con una culpable sensualidad que el hachís sabrá excusar y absolver. Va más allá todavía. Supongo que se han cometido faltas que dejaron huellas amargas en el alma; un marido o un amante sólo pueden contemplar con tristeza (en un estado normal) un pasado matizado con tempestades; entonces las amarguras pueden convertirse en dulzuras; la necesidad del perdón, hace a la imaginación más hábil y suplicante y el remordimiento mismo, en ese drama diabólico que se expresa únicamente en un largo monólogo, puede actuar como excitante y avivar fuertemente el entusiasmo cordial. ¡Sí, el remordimiento! ¿Me equivocaba al decir que el hachís parecía una mente verdaderamente filosófica, un instrumento satánico perfecto? El remordimiento, ingrediente singular del placer, no tarda en anegarse en la deliciosa contemplación del remordimiento mismo, en una especie de análisis voluptuoso y ese análisis es tan rápido, que el hombre, ese diablo natural, para hablar como los swedenborgianos, no advierte cuán involuntario es y cómo se aproxima de segundo en segundo a la perfección diabólica. Admira su remordimiento y se vanagloria, en tanto se encuentra en vías de perder su libertad.