Poemas en prosa
Poemas en prosa Uno de aquellos cuatro niños, que desde hacÃa unos segundos no escuchaba ya el discurso de su compañero y observaba con fijeza asombrosa no sé qué parte del cielo, dijo de repente: «¡Mirad, mirad… allá lejos! ¿Le veis? Está sentado en aquella nubecilla sola, en aquella nubecilla de color de fuego, que anda despacito. Él también parece que nos mira».
«Pero ¿quién?» —preguntaron los demás.
«¡Dios! —contestó con acento de convicción entera—. ¡Ay! Ya está muy lejos; dentro de poco no podréis verle ya. Está sin duda de viaje, visitando todos los paÃses. Mirad, va a pasar por detrás de aquella hilera de árboles que está casi en el horizonte…, y ahora baja por detrás del campanario… ¡Ay, ya no se le ve!».
Y el niño permaneció mucho tiempo vuelto del mismo lado, fijos en la lÃnea que separa la tierra del cielo los ojos, en que brillaba una inefable expresión de éxtasis y de pesar.