Poemas en prosa
Poemas en prosa El tirador galante
Cuando el carruaje pasaba por el bosque, mandó parar en las cercanÃas de un tiro, diciendo que le serÃa grato tirar unas balas para matar el Tiempo. Matar a ese monstruo, ¿no es la ocupación más ordinaria y más legÃtima de cada cual? Y ofreció galantemente la mano a su querida, deliciosa y execrable mujer, a aquella mujer misteriosa a quien debÃa tantos placeres, tantos dolores, y acaso también gran parte de su genio.
Algunas balas fueron a dar lejos del blanco; una, hasta se clavó en el techo, y como la criatura encantadora se echara a reÃr locamente, burlándose de la torpeza de su esposo, éste se volvió brusco hacia ella, y le dijo: «Mira aquella muñeca, allá, a la derecha, la de la nariz arremangada, de rostro tan altivo. Pues bueno, ángel mÃo: me figuro que eres tú». Y, cerrando los ojos, disparó. La muñeca quedó decapitada en seco.
Entonces, inclinándose hacia su querida, su deliciosa, su execrable mujer, su inevitable y despiadada musa, y besándole respetuosamente la mano, añadió: «¡Ay ángel mÃo, cuánto te agradezco mi habilidad!».
