Poemas en prosa
Poemas en prosa ExtravÃo de aureola
—Pero ¿cómo? ¿Vos por aquÃ, querido? ¡Vos en un lugar de perdición! ¡Vos, el bebedor de quintas esencias! ¡Vos, el comedor de ambrosÃa! En verdad, tengo de qué sorprenderme.
—Querido, ya conocéis mi terror de caballos y de coches. Hace un momento, mientras cruzaba el bulevar, a toda prisa, dando zancadas por el barro, a través de ese caos movedizo en que la muerte llega a galope por todas partes a la vez, la aureola, en un movimiento brusco, se me escurrió de la cabeza al fango del macadán. No he tenido valor para recogerla. He creÃdo menos desagradable perder mis insignias que romperme los huesos. Y además, me he dicho, no hay mal que por bien no venga. Ahora puedo pasearme de incógnito, llevar a cabo acciones bajas y entregarme a la crápula como los simples mortales. ¡Y aquà me tenéis, semejante a vos en todo, como me estáis viendo!
—Por lo menos deberÃais poner un anuncio de la aureola, o reclamarla en la comisarÃa.
—No, a fe mÃa. Me encuentro bien aquÃ. Vos sólo me habéis reconocido. Por otra parte, la dignidad me aburre. Luego, estoy pensando con alegrÃa que algún mal poeta la recogerá y se la pondrá en la cabeza impúdicamente. ¡Qué gozo hacer a un hombre feliz! ¡Y, sobre todo, feliz al que me dé risa! ¡Pensad en X o en Z! ¡Vaya! ¡Sà que va a ser gracioso!
