Rimas y leyendas

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Para la fijación de las Leyendas seguimos la versión de los textos periodísticos, textos fijados en su totalidad por Rubén Benítez, y que sólo parcialmente se habían fijado antes en la edición de Aguilar. Aceptamos la transcripción de aquél, pero prescindimos de sus valiosas notas de variantes y eruditas, y sólo anotamos las variantes que tengan algún interés estético, discutiendo en alguna ocasión aislada (muy pocas) la lectura de R. B. Aunque dichas variantes no son en general demasiado importantes, la lectura de R. B. tiende a dar preferencia a aquéllas impresas en vida del autor, es decir, a las fijadas en los textos periodísticos. Como hemos visto en las Rimas, Bécquer era poco dado a cuestiones académicas, por lo que sus propias vacilaciones son frecuentes; tampoco tenía muchos propósitos puristas, ya que, como el propio R. B. dice muy acertadamente, era un «hombre más atento a la expresión que a la corrección». Admitimos algunos «errores» de Bécquer (como la conocida confusión «dintel» por «umbral») y corregimos otros que pueden ser mero descuido, errata o lapsus, pero, como siempre, lo advertimos en nota. Cuando no lo indicamos es que damos por buena la lectura de R. B., que es lo que sucede en la mayor parte de los casos. En las ocasiones en que las erratas son del propio texto de R. B., las corregimos sin indicarlo. Así, aceptamos la lectura de éste en lo que se refiere al mantenimiento de la transcripción original de los nombres propios exóticos, aunque a veces sea vacilante, en lugar de las modernizaciones y correcciones de texto introducidas en las colecciones de los textos. Como se hizo también en la edición de Aguilar y en la propia de R. B., damos la lectura completa de «El caudillo de las manos rojas», que los amigos del poeta transcribieron mutilada, y sólo se pudo completar con el descubrimiento del texto íntegro realizado por Dionisio Gamallo Fierros.[84] En el texto periodístico de ésta se dividió la leyenda en capítulos, y en la edición de 1871 en cantos, quizá por un afán de poetizar el texto en prosa (o «elegantizar», como dice Gamallo). R. B. mantiene la denominación de «capítulos»; no así la edición de Aguilar, que aun diciendo seguir el texto de Gamallo, prefiere la división en cantos.


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