Rimas y leyendas
Rimas y leyendas Cuando Ramón Rodríguez Correa, amigo del poeta, escribe su sencilla pero emotiva semblanza en el prólogo a la primera edición de sus obras en forma de libro (en el mencionado año de 1871), se nos revelan muchas cosas: que un gran poeta había dejado casi en el anonimato la mayor parte de sus versos, que la adversidad de su vida truncó ambiciosos proyectos, y que, sólo tras la muerte, se revelaba al público el genio de un hombre que para sobrevivir y ser fiel a su talento tuvo que pagar por él «o una necesidad material, o el pago de una receta», como dice el mencionado Rodríguez Correa.