Rimas y leyendas
Rimas y leyendas No es la vida de Bécquer, como ahora veremos, la del artista triunfante, que conoce el sabor de la gloria o, al menos, la tranquilidad de una existencia afectiva suficiente, ni siquiera la seguridad de una cobertura material medianamente satisfecha. «Yo era huérfano y pobre…» dice Bécquer en su rima LXV, y esto, que es sin duda en el contexto poético una afirmación llena de resonancias complejas, es también una realidad de hecho, aunque pueda discutirse en algún pormenor. Tuvo en efecto algunas satisfacciones de muy distinto orden, pero éstas provenían más de su temperamento artístico y de la exaltación vital de sus ilusiones que del logro de las mismas. «Poeta del dolor» le ha llamado Díez Taboada, pero también por el hecho mismo de ser auténtico poeta, hombre de sensibilidad e imaginación para poder hallar en la Poesía el bálsamo de la adversidad y el consuelo del Sueño. Bécquer, por fortuna para él, supo ver con claridad la contingencia de la vida al modo calderoniano y avanzar más allá, llegando a atisbar también el valor del sueño de la vida, a profundizar en éste y a intentar incluso traspasar su umbral.