Rimas y leyendas

Rimas y leyendas

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Una edición de sus obras fundamentales es siempre necesaria, no sólo por el interés intrínseco de estas obras, sino porque hay un lector a quien hay que mantener en contacto con nuestros clásicos, y más si son tan vivos como Bécquer. La edición, sobre todo de sus Rimas, presentaba un problema, reavivado por los editores más recientes: conservar el orden del manuscrito becqueriano Libro de los gorriones o el de la edición póstuma de los amigos del poeta. Aunque esto no nos parece una cuestión del todo relevante, sí lo es en la medida en que la edición del manuscrito implica una presentación de las Rimas de acuerdo con él, cuando sabemos, por las propias palabras de Bécquer, que éste, escrito en un libro puramente comercial, era sólo un cuaderno de «proyectos» en el que tenían cabida otros escritos diferentes y textos en prosa. No hay identificación con las rimas exclusivamente. Hay otros dos datos importantes: la edición de las Rimas (éstas sí) efectuada por los amigos del poeta (Narciso Campillo y Ramón Rodríguez Correa) y publicada en 1871, muerto el poeta, quizá hubiera contado con su aprobación, pues Bécquer confiaba en ellos, más doctos y capaces de asumir una labor teórica y práctica (Campillo había escrito incluso una Poética dentro de parámetros académicos) en la confección, organización y publicación de sus textos. Además, la tradición ha mantenido en innumerables ocasiones el orden de las poesías de esa edición, a las que eruditos, profesores y lectores aludían y aluden en citas, referencias y escritos de variada índole. Introducir una nueva ordenación que no sea la canónica iría contra esa misma tradición, que tan útil ha sido y es, hasta el punto que hay que combinar siempre, advirtiéndolo, las dos ordenaciones para evitar la confusión. Por esas razones (y otras de menor relieve), mantenemos nosotros el orden tradicional, no creyendo, como algunos críticos recientes piensan, que tergiverse el sentido de los poemas, al dar a éste un valor autobiográfico, y menos referir una historia concreta de este tipo, pues el lector es inteligente y distingue a la perfección los motivos y detalles de cada poema y es capaz de leerlos de forma aislada como lo que son. La edición tradicional tiene la virtud de agavillar unos temas concretos e ilustrar con ello una faceta de la visión del poeta acerca de la poesía, el descubrimiento amoroso, la exaltación de éste o su desengaño y ruptura, sin atribuir a un acontecimiento vital concreto tal o cual poema, porque entre otras cosas no es necesario para entender el sentido de los mismos. No por ello se desestima la edición de las Rimas siguiendo el manuscrito autógrafo, tal cual se ha hecho en varias ocasiones, pues su objeto es de utilidad evidente. En este sentido hay que agradecer a los profesores Balbín y Roldán (ya fallecidos) la verdadera primera edición facsímil que realizaron en el año 1971 en un precioso libro encuadernado según el formato del manuscrito (o lo más parecido a él) en color y forma. En cuanto a la edición de las Leyendas, nos atenemos al texto de nuestra anterior edición de 1984 en Plaza & Janés con algunos matices que explicamos en los criterios de edición presentes.


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