Toledo
Toledo El artista, que busca con avidez, para estudiarlos en sus mas imperceptibles detalles, los asombrosos restos de la ciencia de nuestros mayores, halla en él uno de los mas acabados edificios que produjo esa escuela gentil y creadora que formó la ojiva prolongando el semicírculo; que supo espresar y adaptarse á los diversos y enigmáticos símbolos de nuestra religion, y lanzándose á rienda suelta sobre el ardiente corcel de la fantasía en el espacio sin límites de la originalidad, flanqueó las lujosas arcadas con las desiguales agujas de sus pilares, rasgó las nubes con los agudos chapiteles de sus torres. En las renombradas tribunas de su iglesia, ricas en ondulante crestería; en los entrepaños de su crucero, donde las colosales águilas que soportan los escudos de los reyes, parecen descansar en una gruta de caprichosas estalactitas; en los franjados cornisamentos de su gran nave por los que corren y se enroscan como una larga serpiente de piedra los delicados festones en que se confunden y combinan las triangulares hojas del trébol con las del espinoso cardo; en los atrevidos arranques de sus bóvedas, punto en el que se abren en nervios los juncos del pilar, semejando al cruzarse entre sí un bosque de palmeras de granito, puede hacer un profundo estudio de las gallardas proporciones arquitectónicas de ese estilo olvidado, de la armoniosa combinacion de sus infinitos detalles.