Toledo
Toledo La verdad del caso permanece aun oculta bajo el velo con que_los siglos cubren las misteriosas soluciones de los mas complicados problemas de la historia.
Toledo, Búrgos y algunas otras ciudades que se tenian por los conjurados, con mas dos ó tres de las principales cabezas de estos, entre los que se contaban el Arzobispo de Sevilla y el conde de Benavente, volvieron á la obediencia de D. Enrique. El resto de los parciales de D. Alonso, que aun persistian en los intentos de arrancar á su actual poseedor la corona, se resolvieron á tomar una nueva determinacion. Deseaban poner en lo posible remedio á la falta del malogrado infante, que, hasta aquel punto sirviera de escudo y pretesto a sus ambiciones. Con este fin trajeron á la infanta doña Isabel, hermana del rey y del difunto D. Alonso, desde Arévalo, en donde residia, a la ciudad de Avila. En este punto los revoltosos, habian concentrado sus fuerzas y reunido sus gefes. Alli el Arzobispo de Toledo, en nombre de los suyos y despues de relatarle estensamente la afrenta de la casa real y los males del reino, ocasionados en su mayor parte por la ineptitud de D. Enrique y la liviandad de doña Juana, le ofreció la corona de Castilla. Prometióle además ayuda para hacer valer por medio de las armas su incontestable derecho á esta alta dignidad.