Toledo
Toledo Varias y ventajosas fueron las proposiciones de casamiento que diversos Principes presentaron entonces á doña Isabel por medio de sus embajadores y amigos. El Principe D. Fernando, con la ayuda y diligencia del Rey de Aragon su padre y los presentes y promesas que hizo á cuantos la rodeaban, fué el que mejor supo alcanzar sus fines, grangeándose la voluntad, asi de la Infanta como de sus consejeros. D. Enrique, á oidas de cual llegó la nueva de estas pretensiones, mostró asi en particular como en público, el desagrado que le causaban. Esto no fué, sin embargo, parte á detener al Arzobispo de Toledo, en sus negociaciones con el de Aragon.
Convenidos pues entre ambos el casamiento de la Infanta, condujeron á esta desde Madrigal, en donde se refugió con su madre, á Dueñas, lugar designado por los que entendian en este asunto para reunion de los prometidos esposos. Con esta medida quedó burlada la vigilancia del Marqués de Villena, que acompañado de un buen número de ginetes se puso en camino, con intento sin duda de apoderarse de doña Isabel. A este magnate como igualmente á otros nobles, que de la parte del Rey se encontraban, pareciales este matrimonio contrario á sus miras y valimiento, por lo que en gran manera procuraban estorbarle. D. Fernando, avisado de los suyos, pasó á Castilla encubierto con un disfraz y en compañia solo de cuatro personas. Con estas corrió á reunirse en Osma con el Conde de Treviño uno de sus parciales.