Toledo
Toledo Dada la señal por uno y otro bando, la guerra se hizo comun á todo el reino. Villena, con los lugares que le estaban sujetos, pasó, por persuasiones del Conde de Paredes, y á condicion de ser incorporada á la corona, al servicio de D. Fernando. Este que apenas juntaba quinientos caballos al dar principio las hostilidades, merced á los inteligentes esfuerzos de doña Isabel y á su actividad, marchaba ya en compañia de una hueste numerosa compuesta de diez mil ginetes y treinta mil infantes. Con este ejército corrió á socorrer el castillo de Toro, que aun se tenia en su nombre despues que Juan de Ulloa entregó la ciudad á los portugueses. No obstante su diligencia, le fué imposible conseguir su objeto. El Castillo de Toro, como asimismo la ciudad de Zamora, cayeron en poder del de Portugal, que acampó sus gentes a las inmediaciones de estos puntos. En esta ocasion, el aragonés, envió al campo contrario por medio de su rey de armas un cartel de desafio, retando á los portugueses á ponerlo todo en el trance de una batalla. Su antagonista, conociendo cuan imprudente seria este paso de su parte, escusó la pelea y para que no se creyese que la rehusa era efecto de cobardía, se ofreció á hacer campo de persona á persona con el Rey. Esto no pasó de palabras, visto lo cual por don Fernando y conociendo que de entretener sus gentes en aquel lugar no sacaba provecho alguno y si grandes perjuicios por la falta de dinero que le aquejaba, tomó la vuelta de Medina del Campo. En esta villa juntó Córtes, en la que despues de haber espuesto la necesidad de socorros en que las circunstancias especiales de la guerra le ponian, consiguió que los tres brazos del reino le concediesen prestada y en calidad de pronta y completa devolucion la mitad del oro y la plata de las iglesias. Reforzado con este ayuda partió nuevamente á poner con sus armas cerco sobre el castillo de Búrgos, fortaleza importante que se tenia por sus enemigos. Sabida esta determinacion por el de Portugal marchó en persona á socorrer á los suyos, mas despues de haber ocupado el castillo de Baltanas y preso al Conde de Benavente, pareciéndole que no podia presentar la batalla á D. Fernando, escusó su encuentro abandonando la idea de dar socórro al castillo de Búrgos. Mas adelante esta fortaleza cayó en manos del de Aragon, rindiéndose á nombre de la reina doña Isabel, que á este efecto acudió desde Valladolid donde se encontraba. Mientras su esposo, que habia sido llamado secretamente por Francisco de Valdes alcaide de las torres de Zamora, ocupó la ciudad y la redujo nuevamente á su obediencia.