Toledo
Toledo Ocupada ya la ciudad de Zamora, puso D. Fernando estrecho cerco á su castillo, que aun se tenia por los portugueses. En este punto, el principe D. Juan que estaba al frente del gobierno de Portugal en ausencia del Rey su padre, avisado de lo que en Castilla pasaba y conociendo que los suyos, faltos del socorro prometido por los Grandes, venian de cada vez á peor, hizo nuevas levas y juntas de gentes allegando al mismo tiempo recursos para ponerlos en pié de guerra. Reunió pues hasta dos mil caballos y ocho mil peones, con los cuales pasó el puente de Ledesma y vino por sus jornadas á Toro. En este lugar encontró á su padre con tres á cuatro mil ginetes y veinte mil infantes, los que tenia repartidos por los pueblos comarcanos, ocupando las posiciones mas ventajosas y conformes con los planes que para esta guerra habia concebido. Animados con este refuerzo los portugueses, decidiéronse á venir en ayuda del castillo de Zamora, al que de dia en dia le era mas imposible defenderse. El de Aragon, sin cejar en su propósito de allanar la fortaleza que tenia cercada, redobló sus esfuerzos para conseguirlo é hizo llamamiento de los suyos, por si su contrario le ponia en el trance de aceptar una batalla. No fué inútil su diligencia, pues el de Portugal ordenó su hueste y vino á situarse con ánimos sin duda de dar auxilio al castillo, al pié de los muros de la ciudad en que tenia su asiento y reales D. Fernando. Este escusó la pelea y se mantuvo detrás de sus baluartes esperando la ocasion propicia de acometer al enemigo. No tardó en presentarse la coyuntura que esperaba, pues su rival, creyendo de malas consecuencias para sus gentes la inaccion en que se hallaban y con el objeto de enderezar por otro punto sus escursiones, un dia, antes de amanecer, recogió sus bagajes, levantó sus tiendas y cortando el puente que daba paso desde la ciudad á su campo, comenzó á retirarse con el mayor órden hacia Toro, lugar fuerte y de toda su confianza.