Toledo
Toledo El de Aragon, visto el movimiento de la hueste enemiga mandó componer á fuerza de brazos el puente destruido, y saliendo con los suyos de la ciudad emprendió la marcha en su seguimiento. Alvaro de Mendoza, con trescientos ginetes á la ligera, se adelantó entonces á todo correr hasta picarles la retaguardia. Su plan era molestarlos y entretenerlos de este modo hasta que el grueso de las gentes de Castilla pudiesen darles alcance. Merced á esta oportuna maniobra y á la lentitud con que por ir en litera marchaba el de Portugal tuvo espacio D. Fernando de ponérsele á tiro de ballesta como á la distancia de legua y media de Toro y á tiempo en que se veian forzados á descomponerse para entrar por una puente estrecha que en aquel sitio divide el camino. El dia estaba para concluir y el sol comenzaba á ocultarse tras las colinas cercanas, cuando los dos ejércitos detuvieron su marcha y siguiendo las órdenes de sus capitanes se aprostaron á la lucha. Los ginetes de Alvaro de Mendoza, fueron los primeros que, dada la señal de acometida, cerraron con el enemigo. El principe de Portugal, D. Juan, que se habia colocado en la vanguardia con ochocientos ginetes y algunos arcabuceros, recibió la carga de Mendoza á pié firme, desbaratándole sus gentes y poniéndolas en huida. Entonces se hizo general la pelea. La noche comenzaba á cerrar de cada vez mas oscura y la voceria de uno y otro bando se acrecentaba al par que la furia del combate. Los dos Reyes marchaban cada cual en el centro de sus filas. Hacia este punto se encarnizó mas la refriega. La noche entró; las sombras se tendieron sobre la llanura y todavia la batalla se mantenia en peso sin acabarse de decidir por los unos ó por los otros. Ya no se combatia, dicen los historiadores, como en batalla y siguiendo las órdenes de los gefes, no: los gritos de los combatientes, el choque de sus armas y el agudo clamor de las trompetas ahogaban las voces de mando de los capitanes, y hombre á hombre, cuerpo á cuerpo, cada uno peleaba entre las sombras y la confusion, con el que encontraba á su alcance ó le oponia resistencia.