Toledo

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En el siguiente verano de 852, Abderráhman, deseando impedir por malos medios los martirios, hizo reunir un Concilio de los Metropolitanos y Obispos de su reino, con objeto de que prohibiesen la confesion de la fé, y anatematizasen á los martirizados. A esta junta concurrió por su calidad de prelado el malvado Esceptor Recafredo, apoyando con empeño los intentos de la córte, y manifestando el ódio que tenia á los Santos y especialmente á Eulogio; de quien, en presencia de los Padres, dijo cuantas calumnias le sugirió su ceguedad, mirándole como principal defensor y alentador de los mártires.

Lo resuelto por el Concilio no fué todo de la aprobacion de Eulogio; pero es notable, que ni las artes del monarca, ni de los obispos, fueron capaces de conseguir lo que pretendian, por ser mayor la fuerza con que la gracia del Espíritu Santo movió á algunos á confesar la fé, aun con mayor fervor que los mártires precedentes, como sucedió con San Emila, San Bogelo, y Serviodéo, que padecieron el martirio en setiembre de 852.

Con esto siguió, á una tempestad otra mayor; el rey y su consejo, en el estremo de su ira, resolvieron mandar, que todos los nazarenos fuesen presos, y dar facultad á los muzlimes para matar á quien hablase mal de Mahoma, facultad antes reservada á solos los jueces.


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