Toledo
Toledo Casi en esta misma época un acontecimiento de gran importancia vino á ejercer una saludable influencia en el ya próspero destino del pueblo hebreo. Las renombradas Academias rabínicas, existentes en Persia, fueron trasladadas á Córdoba, capital á la sazon de la España árabe, y este hecho, de escaso interés al principio para los hebreos que habitaban en la córte de los godos, vino con el tiempo á constituir uno de los mas grandes elementos de su grandeza. La obra inmensa de la Reconquista seguia paso á paso su carrera de triunfos, y Fernando III, el Rey Santo, acababa de escribir al pié de los muros de Sevilla uno de los mas gloriosos cantos de ese poema que comenzaron un puñado de valientes en las escabrosas montañas de Asturias, y acabó una gran Reina tremolando el vencedor estandarte de la Cruz sobre las altas torres de la Alhambra. Conquistada Sevilla, las Academias rabínicas tornaron á trasladarse, siendo esta vez Toledo el punto designado, y de esta manera aumentóse la poblacion judía de la última capital con un gran número de hombres científicos, que acrecentó la influencia de que ya gozaba por su número, su saber y sus riquezas.