Brecht_ Ensayos y conversaciones

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DEL COMENTARIO BRECHTIANO

Bert Brecht es una aparición problemática. Se niega a utilizar «libremente» su gran talento de escritor. Y tal vez no se le haya hecho a su personalidad literaria ningún reproche —plagiario, buscapleitos, saboteador— que él no utilizara como título de honor en su actividad no literaria, anónima, pero perceptible, como educador, pensador, organizador, político, director de escena. Pero sin duda, entre todos los que escriben en Alemania, él es el único que se pregunta dónde debe emplear su talento y sólo lo emplea cuando está convencido de que es necesario y se echa atrás, en todos los casos en que no se da esa condición. En este sentido, los Ensayos 1-3 son aplicaciones prácticas de su talento. Lo nuevo consiste en que esas aplicaciones se destacan en toda su importancia, en beneficio de ellas el poeta se desliga de su «obra» y como un ingeniero que realiza perforaciones buscando petróleo en el desierto, él, en el desierto del presente aplica su actividad a ciertos puntos exactamente determinados. Esas aplicaciones son hasta aquí el teatro, la anécdota, la radio —más adelante se atacará en otros campos. «La publicación de los Ensayos», comienza diciendo el autor, «tiene lugar en un momento histórico en que determinadas tareas ya no deben ser tanto vivencias individuales (tener carácter de obra personal), sino que se orientan más bien a la utilización (transformación) de ciertos institutos e instituciones». No Se proclama la novedad; se proyectan reformas. Aquí la poesía ya no espera nada del sentimiento del autor que no se haya unido a la sobriedad con el propósito de cambiar este mundo. Sabe que la única oportunidad que le queda es: llegar a ser un producto secundario en un proceso muy ramificado de transformación del mundo. Esto es la poesía de Brecht y en ese sentido, es invalorable. Pero el producto principal es: una nueva actitud. Lichtenberg dice: «Lo que importa no son las convicciones de uno; lo que importa es lo que las convicciones hacen de uno». Eso «que» se llama en Brecht: actitud. Es algo nuevo, y lo más nuevo en ello es que se puede aprender. «El segundo ensayo Historias del señor Kenner», dice el autor, «viene a ser un intento de convertir gesto en citas». El que lea esas historias, observará, que son los gestos de la pobreza, la ignorancia, la impotencia, los que en ellas se citan. Sólo se han utilizado pequeñas innovaciones, por decirlo así, patentes. Pues el señor Kenner, que es un proletario, contrasta radicalmente con el ideal proletario del amigo del hombre: no está interiorizado. Él sólo espera la eliminación de la miseria por un único método, esto es, por el desarrollo de la actitud que lo hunde en la miseria. Pero no sólo se puede citar la actitud del señor Kenner, también lo es, por la repetición, la de los alumnos de El vuelo de Lindbergh, y también la del egoísta Fatzer, y una vez más: lo que en ellos se puede citar, no es sólo la actitud, sino también las palabras que la acompañan. También esas palabras exigen práctica, esto es: primero deben ser observadas, después comprendidas. Primero ejercen un efecto pedagógico, luego uno político, y el poético sólo se da en último término. Favorecer en lo posible el efecto pedagógico, posponer en la misma medida el poético, es la finalidad del comentario del que se da una muestra a continuación.


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