Desembalo mi biblioteca
Desembalo mi biblioteca Ciertamente, sólo una parte de las compras más significativas pasa por la visita a un librero. Los catálogos desempeñan un papel mucho más importante. Y por muy bien que el comprador conozca el libro asà encargado sobre el catálogo, el ejemplar recibido es siempre una sorpresa, y el pedido conserva siempre algo de azaroso. De este modo, junto a decepciones dolorosas, hay a veces hallazgos que colman de felicidad. AsÃ, por ejemplo, recuerdo haber encargado un dÃa, para mi vieja colección de libros infantiles, un determinado libro con imágenes en color, únicamente porque contenÃa cuentos de Albert Ludwig Grimm y su lugar de publicación se llamaba Grimma, en Turingia. Ahora bien, el libro que procedÃa de Grimma era una compilación de fábulas editada justamente por el mismo Albert Ludwig Grimm. Y el fabulario en cuestión, el ejemplar poseÃdo por mÃ, era, con sus dieciséis imágenes, el único testimonio que se haya conservado de los comienzos del gran ilustrador alemán Lyser, que vivió en Hamburgo a media dos del siglo XIX. Y bien, mi reacción ante la consonancia de los nombres se habÃa revelado acertada. Igualmente descubrà allà otros trabajos de Lyser, a saber, una obra —Linas Märchenbuch («El libro de cuentos de Lina»)— que seguÃa siendo desconocida para todos sus bibliógrafos y que merecerÃa mucha más atención de la que yo aquà inicialmente le dedico.