Desembalo mi biblioteca
Desembalo mi biblioteca Antes del desarrollo de los pequeños anuncios, el comercio del libro, cuando querÃa vender sus productos hasta en las capas inferiores de la sociedad, se limitaba a los vendedores ambulantes. EstarÃa bien imaginarse al perfecto viajante de libros en esa época y para esas capas sociales: el hombre que sabÃa llevar las historias de fantasmas y de caballeros a las habitaciones de las criadas en la ciudad, y de las salas de las granjas en el pueblo. TendrÃa incluso que entrar un poco en sintonÃa con las historias a las que querÃa dar salida. No a tÃtulo de héroe, naturalmente, como joven prÃncipe desterrado o como caballero errante, sino como el viejo ambiguo —viene a advertir o a seducir— que aparece en muchas de esas historias y que se dispone, en la imagen adjunta, a volatilizarse ante el signo de la cruz.