Desembalo mi biblioteca
Desembalo mi biblioteca Algunas de esas novelas llevan, encabezando cada uno de sus sangrientos capítulos, un epígrafe en verso: nos encontramos entonces con Goethe y Schiller, incluso con Schlegel o Immermann, pero también, al lado de éstos, con príncipes poetas como Waldau, Parucker, Tschabuschnigg o el simple B., del que proceden las siguientes líneas:
«Vaga errante, solitaria y abandonada,
a través de la inmensa ciudad.
Para sentir temor a cada instante
tiene todos los enemigos necesarios».

A propósito de «¡Atrás, temerario!».
Es el «caballero negro», de siniestra reputación, que acaba de conquistar el castillo de York y se dispone a tomar a la bella Rebeca en su poder. Los dos personajes bailan, de algún modo, una danza tradicional del espanto.

Sobre: «¡Lo juro: todos deben caer, igual que éste!».
La belleza reproducida es una coleccionista de cabezas masculinas, que conserva, adecuadamente preparadas, en los estantes de un gabinete retirado de su domicilio.
