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Las cosas con las que nuestrosabuelos se rompían la cabeza

Enigma en imagen, el jeroglífico no es exactamente tan antiguo como los enigmas en forma de preguntas oscuras y refinadas, cuyo ejemplo más famoso sigue siendo el de la Esfinge. Tal vez ha sido necesario que el hombre haya sentido declinar en alguna medida su respeto ante la palabra, antes de atreverse a distender la relación, aparente­ mente tan sólida, entre el sonido y el sentido, para invitarlos a jugar juntos. Es lo que después han practicado con gracia Por la tarde tras el trabajo en En el hogar, o en el interior de El amigo de las familias, en el Rincón de los enigmas, del Bazar. Pero así como comprendemos la fascinación de los crucigramas, ese «juego de golf con los vocablos», y los otros deportes mentales semejantes que obtienen hoy el favor de los periódicos de moda, el jeroglífico de antaño, sin embargo, nos parece extraño y leja­ no. Si bien concebimos todavía la diversión que en él encontraban nuestros abuelos, eso no impide que la manera en la que sabían arrancar su secreto a ese corps de ballet desencarnado, hecho de herramientas y de letras, nos siga resultando oscuro. Pero eso sólo ocurre en tanto partimos del mundo de nuestras referencias, al que los crucigramas se ajustan tan bien, el mundo de las arquitecturas normalizadas, los esquemas de la estadística y el lenguaje unívoco de nuestros anuncios luminosos y nuestras señales de circulación.


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