Desembalo mi biblioteca
Desembalo mi biblioteca La actualidad de otro tiempo cristalizó en otros signos. Piénsese solamente en el estilo de la caricatura política a media dos del siglo pasado, y de la que nada comparable tenemos actualmente. Ahora bien, es justo en esa época en la que florecía el jeroglífico, que desdeñaba la autoridad de la ortografía, del mismo modo que Cham o Daumier desdeñaban las autoridades del Ministerio. Pero el verdadero santo patrón de esos jeroglíficos fue el genial ilustrador Grandville, cuya demagogia de dibujante movilizaba no sólo cielo y tierra, sino también muebles, ropas e instrumentos contra el señor de la Creación, y atribuía también a las letras los miembros y la exuberancia con las que aquí burlan al lector.

Jeroglífico clásico
«Surcando el océano con mil mástiles parte el joven. Sobre su embarcación a salvo, sereno, vuelve a puerto el anciano».

Un jeroglífico muy apreciado, que se repetía en las formas más diversas. «Las cosas no pueden permanecer siempre así, bajo la luna cambiante».
